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lunes, 3 de enero de 2011

IRLANDA - Pasados por hielo

CÓMO SOBREVIVIR AL PRIMER DÍA
Prueba superada. En un rato cenamos pero ya hemos tomado nuestra primera cerveza para celebrar las piezas del día en el bar del hotel, aún con las botas puestas.
Desde las 09:00 de la mañana, cuando ha salido el sol y hasta que ha desaparecido, cerca de las 17:00, solo hemos parado media hora para comer algo de pie. No se nos ha dado mal. El terreno es muy difícil, musgo, troncos, arenas movedizas (en serio) y hielo, mucho hielo. Mis compañeros han dejado de mirarme extrañados después de una par de horas de marcha y de verme equipada como un oso polar dando tumbos por el bosque.
Dos pares de calcetines, pantalones de caza, pantalones impermeables, botas, camiseta de tirantas, camiseta de manga corta, camiseta de manga larga, sudadera, chaleco para el trabajo, y chaqueta polar, guantes y gorro... sí, todo eso, pero es la manera de trabajar segura, medianamente caliente y, por lo tanto, tranquila.
Me encuentro bien, no demasiado cansada pero me molestan los tobillos, no llevo mis botas si no unas de caza en campo de agua que no se me ajustan y los he forzado mucho. Por lo demás bien, uno de los guías y un cazador se han colado en una fosa y han acabado con agua hasta las axilas y yo solo me he resbalado un par de veces, me he clavado hasta la ingle con mi pobre pierna derecha en una ocasión y he blasfemado un montón de veces, por lo demás... muy bien, bueno, el frío ha sido tan grande que creí que me saldrían llagas en los dedos de los pies y mi nariz ha necesitado dos paquetes de pañuelos para respirar, pero bien.
Ya basta de lamentos. Lo importante es que la caza ha ido bien, mañana tendremos la segunda jornada de becadas, si el día va como hoy tendremos buen material. Pese a lo fatigoso, es agradable el estado de meditación al que te lleva el ejerccio físico, al menos a mí. En un principio mi cuerpo está alerta y reconoce y sufre cada uno de los esfuerzos que realiza, después éste pasa a un segundo plano y es mi mente la que manda.
(continuo después de la cena)
En uno de estos momentos de lucidez, como yo los llamo, me he dado cuenta de que es mucho más difícil sobrevivir a un sentimiento que a una jornada de marcha sobre el hielo, y ¿por qué? ... en este instante, aquí, sola frente al teclado y después de haber mantenido dos conversaciones importantes esta noche, creo que conozco la respuesta. Para caminar sobre le hielo nos preparamos a conciencia, física y mentalmente, para dejarnos rozar por un sentimiento no. Cuando caminas y cada paso te duele sabes con certeza que te acercas al final del día y que pronto cambiarás el bosque por una ducha caliente, el futuro te evade del presente o te motiva para superarlo, sin embargo, cuando estamos tocados por la divina y mortal mano de los sentimientos perdemos cualquier noción de tiempo y conveniencia, y algo tan intangile bloquea más que una masa de agua de helada.
Si mañana voy a salir ahí fuera, a pesar de la couldina que me acabo de tomar, a caminar seis horas en busca de una imagen, de una historia, el resto debería ser más fácil.
Antes de acostarme quiero compartir con vosotros una de las dos conversaciones que he mantenido esta noche, (y solo es la primera) de este viaje iniciático a las tierras de Avalon. Después de unos deliciosos espagueti a la langosta y champán francés, nos hemos hermanado con un grupo de franceses a los que hoy hemos vencido en capturas, hablábamos de la vida, del modo en el cual cada uno la vivía, uno de los cazadores del grupo, me ha sugerido que tomase la vida como un metro, y que en los 80 centímetros más o menos, me detuviese, que midiera el espacio que quedaba entre los centímetros que marcaban mi edad y el final y que valorase si lo que quedaba lo vivía como realmente quería. No se si recomendároslo, es una descripción demasiado plástica.
El caso es que yo no estoy del todo insatisfecha, a pesar de ser consciente de que estiro mucho mis días me quedan ganas de extenderlos más... para lo que sí me ha servido ha sido para recordar la otra conversación, la que no os cuento, y para obligarme a cuidarme un poquito este corazón y a dejar que lo que siente fluya, sin que lo deje exhausto.
(Mañana sigo intentando lo de las fotos)

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