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martes, 4 de enero de 2011

IRLANDA - Bajo la lluvia irlandesa... y de premio, una pluma


CÓMO TOMAR EL TÉ BAJO EL AGUA

Las becadas tienen unas alas proporcionalmente mucho más grandes que su cuerpo, lo que les permite ser muy veloces. Pero, además, en el extremo de cada una de ellas tienen una diminuta y perfecta pluma, cuya forma y suavidad ha sido utilizada por algunos de los mejores pintores de la historia, de ahí su nombre, "La pluma del pintor", hoy me han regalado una de esas plumas, trae suerte, o sea que ya no tengo que volverme loca para encontrar un trébol. Yo, agradezco mi fortuna a ese tierno animal y le rindo homenaje llevándola conmigo.
Segunda jornada de Becadas. Estado físico: me duele el pecho cuando respiro, la rodilla derecha me avisa y debo cubrir con cacao no solo mis labios, también los alrededores de mi nariz y mis lacrimales, los primeros dañados por tanto pañuelo y los segundos cortados por el frío. Estado anímico: bueno. Estado emocional, mejor.
La mañana ha resultado perfecta, nubes y viento pero buenas capturas. Sin embargo hemos debido parar durante más de una hora por la lluvia. ¿Habeis visto alguna vez la lluvia irlandesa?, preciosa. Bueno, solo me lo parecía a mí. Pasando por alto el hecho de que bajo el agua no se graba ni se fotografía, por lo demás me ha encantado escucharla y verla. Refugiados bajo la puerta del maletero de la furgoneta hemos improvisado el almuerzo esperando a que amainara un poco. ¿Habeis tomado alguna vez té bajo la lluvia irlandesa?, yo sí, un gran vaso de té caliente y una porción de dulce ilandés hecho con pasas y guinness, una deliciosa comida en mitad de un paisaje con el que sueño a menudo.
Pero la lluvia no nos ha abandonado en ningún momento. Por la tarde iba y veía coqueteando con la paciencia de los operadores de cámara (la mía estaba ya ganada con tanta delicadeza de colores) y la entrega absoluta de los cazadores, a quienes ni viento, ni lluvia, ni frío les quitaban ni las ganas ni la mirada. La caza de Becadas la estamos realizando en distintos bosques, imaginad que buscamos cuatro puntos exteriores que circundan el bosque y de dos en dos nos colocamos en cada uno de ellos, la pareja de guías comienza a batir desde el suyo por el interior hacia el extremo opuesto y el resto, alrededor, esperamos con las escopetas y cámaras a punto de disparar al más mínimo aleteo.
Ha habido un momento en el que me he alejado del grupo y, bajo la pertinaz lluvia, he paseado. Sí, por unos momentos me he imaginado a mi misma como a Rose en "Sentido y Sensibilidad" salvo que ella, medio desnuda, cae enferma después, y yo espero que no, entre otras cosas porque a mi indumentaria hoy he añadido una par de calcetines más y una chaqueta impermeable que solo me deja al descubierto, los ojos, el resultado, algo así como una mezcla de penitente y caballero Jedi. Además de que continúo aferrada por las noches a mi bote de Couldina.
Durante el paseo, era consciente de que estaba regalándome un recuerdo maravilloso, un recuerdo que, cuando lo rememore dentro de 25 años, me permitirá volver a escuchar mis encharcados pasos, la lluvia sobre mi ropa, el aire que me cortaba la cara, el olor y esa enorme sensación de libertad que no se me despega desde entonces.
¿Habéis permitido alguna vez que la lluvia irlandesa se adueñase de vuestro cuerpo hasta reducirlo a vuestra propia sobra? La curva de un estrecho sendero entre los abetos, el manto de lluvia. A mi derecha, desde la penumbra del bosque me llegan las voces de los guías reclamando a las Becadas, el cazador, escopeta en mano, espera. El tiempo se ha detenido para mí. Al descubierto los ojos, la lluvia, paciente, se desliza hacia la tierra. Para alguien criado en el desierto, un espectáculo. Mis raíces celtas han brotado de mis pies, me han agarrado al suelo y me ha impedido moverme. No se cómo he vuelto al coche, desde mi asiento, aún veo mi sombra allí, enraizada en la tierra, mis brazos se extienden a lo alto, flexibles y verdes y entonces, por segunda vez, doy gracias. Hoy, agradezco mi vida y mi capacidad para disfrutarla.
Es reconfortante, al menos para mí, inventar historias, imaginar experiencias, pero es mucho más hermoso vivirlas. Mi vida, si bien no me deja gozar de la tranquilidad económica que, a estas alturas, necesito, sí me permite disfrutar de estas experiencias y, por supuesto, de compartirlas ahora contigo.
Buenas noches.

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