lunes, 2 de mayo de 2011

PENSAMIENTOS - El silencio y el tiempo


De cómo aventurarse a descansar en un banco


Me gustan los bancos, no aquellos que, cumpliendo su papel de mobiliario urbano, están colocados aquí y allá, en la ciudad, si no los otros, los que esperan pacientes a que te acerques.


Pocas veces entiendo el criterio con el que están ubicados algunos bancos ya que cuando me decido a probarlos, me veo sentada frente a la fachada de un edificio, a un escaparate o al borde de una calzada. Mi desconcierto en algunos casos se acrecienta cuando lo interesante queda atrás y yo me pregunto, ¿por qué he de sentarme de espaldas al mar?


A mi me gustan los otros bancos, los del silencio. En mis pensamientos ocupa un lugar especial una particular colección de bancos, la mayoría de ellos son de madera, otros son de piedra, de hierro, e incluso hay alguno de musgo. Mis bancos están en Cabo de Gata, Granada, Valladolid, Madrid, Sintra, Edimburgo, Birks de Aberfeldy, Cebreiro, Vinci, mi terraza... en cada uno de ellos, me he sentado en silencio y he aceptado la invitación a la mirada.


Y, de entre todos ellos, hoy fantaseo con el anónimo banco que me espera en la Alpujarra y donde acudo siempre que puedo. Madera fuerte y silencio, a mis pies, un balcón dormido al que me asomo.


Los bancos se visten de sonidos cada día, como si fuera domingo; con risas en el parque, manar de fuentes, megafonías y silbidos de tren, tráfico, besos, lluvia. Y te invitan. A mi me gusta aceptar la invitación de mis bancos. Detenerme, entregarme a la quietud, laxa y serena, acompasar mi pensamiento a la respiración y verme hacia dentro.


He compartido ese banco con él y, más allá de cualquier gesto, se sostuvo a mi costado, acompasé mi suspiro al suyo y pude sentir por un instante cómo, sobre aquel barranco sobrevolábamos los dos, reposados en el banco.

UVAS PARA TRES - Mi voz, su voz












De cómo mi voz ya es suya



Los ensayos de Uvas para tres continuan. Ya tenemos fecha de estreno, el domingo 26 de junio de 2.011 en la Escuela de Música de El Parador (Roquetas de Mar). Durante estas últimas semanas, alternaremos ensayos con el cierre del atrezzo y la promoción, preparación del cartel, campaña de información.... y antes de que nos demos cuenta ya estaremos con el ensayo general.



Alicia, Carmen y Bernardo ya existen por ellos mismos. Carmen tardó en llegar, traía tanta carga en la maleta y debió costarle tanto cerrarla, que cuando llegó a casa de Alicia no podía abrirla. Durante horas se han sentado las dos, frente a frente, a observarse, a contarse buscando el ayer que se escondía en los ojos de la otra, a tratar de apoyarse en risas adolescentes, ya perdidas, para arropar un nuevo rincón de confidencias. Pero Carmen no abría la maleta y Alicia no sabía a quién le preparaba el café.



A veces, los personajes reposan, se esconden como tapados con una sábada blanca, entre línea y línea. Tú crees que con la repetida lectura, la búsqueda de sus movimientos o el trabajar hasta que sus acciones y reacciones tengan una motivación "orgánica"(1) es suficiente... pero no. A veces, el actor cree que ya sus movimientos no son los suyos, que su tono de voz, sus instintos satisfacen al personaje que lo viste y, de repente, éste se revela, te lanza un zarpazo y reclama otra cosa.



Eso ha sucedido con el personaje de Carmen. La actriz ha tenido que pasar por un proceso tan agotador como creativo. Carmen se presentó en casa de Alica disfrazada de apocada, de "pusilánime", "pava" , e "insegura".... y Alicia la escuchaba y por más que la escrutaba no lograba encontrar el puente a través del cual echar hacia atrás 28 años. Pero un día Carmen se desasió de su blusón de dudas y miró, sonrió, provocó y reprendió a Alicia como si el tiempo no hubiera transcurrido desde la última vez que se vieron.



Seguramente Pilar, la actriz que interpreta a Carmen, además de dirigir y haber escrito la obra, debía pasar por la Carmen "pánfila" y "mojigata" para poder prestarse a la Carmen envidiosa y exigente, una Carmen que deberá enfrentarse a sí misma con aspereza en el momento en el que asuma que cerrar la puerta al dolor implica aceptarse y aceptar. Ahora, desde que Carmen no se esconde, Alicia es más Alicia.



Yo veo a Alicia en los ensayos. Nos miramos en el espejo, nos sonreímos y nos cambiamos la vestimenta. Trabajamos, yo me dejo, ella surge y al final, de vuelta a mi realidad, nuevo cruce de miradas, nuevo intercambio de gestos, sonrisas y ropajes y adiós... Pero ya no se que allí, a oscuras, esperando a que se encienda la luz del baño... no, se ha venido conmigo... no me deja... y, a menudo, me sorprendro hablando con sus palabras.... No es como cuando en el ensayo ella anda con mi cuerpo, juega con mi pelo, besa con mi boca... no, ahora soy yo que hablo con sus palabras.




El segundo momento mágico en mi creación del personaje. El día que me sorprendí escuchando en mi voz sus palabras, unas palabras que yo empleaba para comunicarme en mi mundo real... solo me detuve un instante, mi interlocutor no reparó ni en mi sorpresa, ni en la pausa... quizás si en mi sonrisa...










(1) en el argot teatral se habla de una reacción orgánica cuando el actor responde al pie de texto que le da otro actor con una respuesta verbal y / o física creible, no para el espectador si no para el propio actor... si este primer paso.. el público... no creerá absolutamente nada.





sábado, 19 de febrero de 2011

UVAS PARA TRES - Prestarte

De cómo también ser otra

Desde hace algunos meses trabajo en un proyecto, se trata del montaje de una obra teatral, "Uvas para tres", escrito por Pilar Barberá, quien, en esta ocasión, además de dirigir la obra, también interpreta uno de los papeles.

"Uvas para tres" es una obra teatral en tres actos que presenta, además de una historia muy tierna y divertida, un atractivo interesante: cada uno de los actos se sustenta en un estilo dramático diferente. Así, el primer acto es un drama con algún apunte de humor, el segundo una comedia con momentos dramáticos y el tercero un vodevil.

Un esfuerzo interesante para la autora y un trabajo duro para los actores, os lo garantizo. Yo interpreto a Alicia. Una mujer todo corazón, incapaz de permanecer pasiva si puede hacer algo por los demás, experta en amar (y en todos los matices que ello conlleva), amante, madre y amiga del hombre al que quiere y amiga de la mujer que más daño le hizo en la vida. Difícil papel y hermoso al mismo tiempo. Alicia está llena de matices, ha vivido experiencias duras, ha escogido una manera de vivir difícil que la obliga a "interpretar" continuamente, a reinventarse cada día y, sin embargo, cuando ella lo cuenta, banaliza hasta tal punto su realidad que ésta parece normal, sencilla e incluso atractiva.

Alicia se mueve como si se tratase de una nota musical. Alicia pisa duro al andar, enseña una fuerza y una disposición que la protegen del resto. A veces evita las preguntas y otras evita las respuestas. Siempre tiene una sonrisa, un momento para escuchar, ganas de dar y de darse, y así se entrega, ella cree que con cuidado.

Junto a Alicia están Fran (Bernardo) y Carmen (Pilar ). Él, su amante, su protegido, su punto débil. Él podría cambiarlo todo por dentro, por eso Alicia lo mantiene alejado de su entorno, por eso ha buscado un espacio para ellos, un pequeño y cálido espacio donde todo es posible, incluso el sentir que él la ama del mismo modo.

Ella, Carmen, es su pasado, la única respuesta para la pregunta ¿qué le pasa a Alicia?. Carmen trae consigo el recuerdo de la traición pero, al mismo tiempo, trae la única manera de pasar página, la posibilidad de que 28 años después del dolor, éste, por fin se duerma.

Después de un principio difícil, ya está en marcha el engranaje. Pilar ve progresos en los ensayos, los actores nos dejamos modelar. Por mi parte, primero fue conocer a Alicia, aceptarla, no juzgarla, lo que me permite ser ella sin prejuicios. Después vino el hacerme a sus palabras y ahora es ella la que declama, luego fue buscar su movimiento, ahora es ella la que brilla en cada paso y cada gesto. Es hermoso dejarse así, y, aunque todavía parte de mi conciencia nos acompaña a Alicia y a mi cuerpo durante los ensayos, muy pronto ésta se sentará frente al escenario, junto a la directora, y asistirá a la maravillosa y, por qué no, inquietante experiencia de ser otra sin dejar de ser tú.

sábado, 22 de enero de 2011

PENSAMIENTOS - Planos sucios



De cómo recuperarte en una imagen


Estos días estoy trabajando en el guion de uno de los documentales que he ido a grabar a Irlanda. Hasta ahora, el trabajo ha consistido en ver las imágenes que grabaron mis compañeros para dedicir cuáles pueden servir mejor a la hora de ilustrar la historia que centra nuestro documental.


Viendo esas imágenes, de tanto en tanto, me descubro a mí, sorprendida por el ojo de cristal de alguna de las cámaras, mientras trabajo. Cuando eso ocurre me encuentro ante un "plano sucio", es decir, un plano que no podré uitilizar porque distorsiona la "realidad" que vamos a enseñar, es decir, una batida de caza en Irlanda en la que, pese a que somos los ojos y las parcas, no debemos estar ni mis compañeros ni yo.


Es un hecho que las imágenes de cualquier historia, documental, película, reportaje, etc., han sido grabadas y que la propia historia no solo ha sido dirigida si no que, con anterioridad, ha sido escrita. Pero la primera condición que nuestro trabajo requiere es conseguir que, el "espectador" para el que nos esforzamos olvide o mejor, deje de ser consciente de nuestra mano y nuestra presencia. Desde el primer fotograma o el primer frame, tenemos que conseguir no estar. Que los créditos iniciales y finales del documental sean las únicas ventanas posibles que permitan al "espectador" atravesar de la realidad a la ficción, al ensueño. Y que, una vez allí, olvide la previa construcción de esa "irrealidad" y, simplemente, se instale en ella .


De ahí que si alguno del equipo es "capturado" por el ojo de cristal deba ser eliminado y el plano en el que aparece, nunca será utilizado en el montaje. No solo un plano está sucio cuando muestra lo que no interesa si no cuando está movido, cuando no ofrece un correcto encuadre, etc. Sin embargo son los planos sucios por acoger "fantasmas" los que me llevan a escribir hoy. Y no los denomino fantasmas por inexistentes o presuntuosos, si no por ser las imágenes de alguien que han quedado impresas en la fantasía o, en este caso, en las cintas que estoy revisando, que para mí, fantasma y, al mismo tiempo, autora de esta obra, viene a ser lo mismo.
Recupero mi memoria en cada uno de los momentos que desecho . A hurtadillas, parece que encogiera para contemplarme sin ser vista mientras repaso la grabación a doble velocidad. Antes de enfrentarme a estos brutos (llamase brutos en el argot visual a las imágenes tal y como fueron grabadas, sin cortes ni montaje), ordené y catalogué las fotografías. No es lo mismo. En parte porque yo soy quien ha realizado el seguimiento fotográfico del trabajo y cuando he capturado mi sombra , sin intención alguna de hacerla coser por nadie a mis zapatillas, o mi imagen reflejada en un espejo, lo he hecho a conciencia; y en parte porque cuando otros me han fotografiado, de manera inconsciente, he posado a conciencia.
No, descubrirme de improviso es otra cosa. Sobre todo, si tengo en cuenta un importante matiz, quien grababa no estaba pendiente de mí, yo me colaba en su encuadre sin querer, de ahí que haya ensuciado algunos planos. Por eso este encuentro conmigo adquiere una connotación mística. Esa imagen de mi gesticula, frunce el ceño al pensar o se humedece los labios como cuando no siente que la observa nadie, cuando carece de la intención de comunicar, cuando sencillamente se expresa por el mero hecho de estar, de ser.
Y entonces caigo en la cuenta de que proyectamos tantas imágenes como miradas se muestran atentas. Mientras me hallo cómodamente sentada en mi estudio, frente al ordenador, me contemplo embutida en ropa de camuflaje, tomando notas y fotografiando. Qué lejos se me antojan ahora el frío, el cansancio, los tobillos doloridos. Mientras el ojo de cristal me apresaba sin querer en su retina, yo escribía preocupada por no sentir las yemas de los dedos.
Me miro despacio, no me cuesta reconocerme concentrada, taconeando para entrar calor, escribiendo a duras penas, sonriendo cuando me dirijo a alguien y seria cuando pienso, busco, observo y recuerdo. He jugado, como si se tratase de acunar una muñeca, a darme y robarme tiempo acelerando las imagenes hacia adelante y hacia atrás. En un instante, congelado el plano y helada mi imagen, he temblado yo cuando, a saber por qué estratagema de mi subconsicente, me ha venido a la memoria el miedo manifiesto de muchos aborígenes a ser fotografiados por temor a que la foto les robase el alma.


lunes, 10 de enero de 2011

PENSAMIENTOS - De vuelta

CÓMO REGRESAR EN EL TIEMPO SIN SENTIMIENTO DE PÉRDIDA


Para regresar de Dublín, una vez más he debido trasladarme en el tiempo y, de nuevo, tengo la sensación extraña de haber perdido no se dónde ni cuándo, sesenta minutos de mi vida. Trato de no darle muchas vueltas porque tengo que emplear mi cabeza en organizar una agenda que, enfadada por mi desapego la última semana, se me presenta despeinada y con cara de poco de amigos.
No tengo frío, pero no me libero de la sensación de cansancio. Estoy en manga corta y dejo que el aire entre por la ventana del estudio. Si no fuera por los recuerdos que en mi piel han dejado los salvajes caminos que he frecuentado, me costaría creer que ayer, a estas horas, meditaba sentada en la Catedral de Saint Andrews.
Es entonces cuando recuerdo los pensamientos que me mecían junto a una de las lápidas celtas que allí encontré y estos vuelven a entretenerme ahora. A menudo, y alguno de vosotros lo sabeis, doy vueltas a la relación que todos mantenemos con el lenguaje y cómo, si bien nos permite la comunicación no garantiza que ésta sea posible. A mi mente, en la oscuridad y el silencio que me ofrecía la catedral, vino el rostro de alguien importante para mí. Tras su rostro, alguna de sus palabras, sus gestos... aquel recuerdo despertó sentimientos en mí, sentimientos que no reciben el mismo calificativo si los describo yo que si los describe la persona que me los causa.
El lenguaje nos permite, en primer lugar, comunicarnos. Como los niños pequeños que aprenden a hablar, lo primero que hacemos con lo que hay a nuestro alrededor, es nominar. Darle noombre, a la casa, a las sillas, a los libros, a las fotos, a todo... ése es el primer paso y es un paso importante, nos permite un consenso y así a contar con un código mediante el que comunicarnos.
Pero despés llega el segundo paso, calificar. Ahí empieza el peligro. Podemos calificar un silla, ésta puede ser alta, baja, plegable, blanca, negra, grande, pequeña, etc. Pero es que también calificamos a las personas, los sentimientos y las relaciones que mantenemos con ellas. Y cuando el sentimiento que nos provoca una persona no encaja con la calificación que "deberíamos" darle, cuando no sabemos cómo calificar la relación que mantenemos con ella ¿qué hacemos?... tenemos dos opciones, tal y como yo lo veo. Bien damos de lado ese sentimiento, esa relación, bien seguimos con ella en la mochila pero tamizada, vestida con una calificación que nos permita guardarla, que nos permite contar con ella sin que resulte incomprensible al resto, a los que emplean mi mismo código, es más, sin que nos resulte incomprensible a nosotros mismos.
Lo más sensato es lo primero, lo más cómodo lo segundo (y sigo calificando) pero ¿siempre lo sensato y lo cómodo coinciden con lo que debiera ser?. Intento seguir los consejos de Dalai Lama y mirar a mi alrededor con los ojos del corazón, de hecho, lo consigo en la mayoría de los casos, pero es un trabajo duro y difícil, ser capaz de dar nombre a todo lo que siento sin que la calificación que más se acerque a mi deseo me asuste.
¿por qué os cuento esto? porque hoy intento que la calificación ajena no me confunda y que la mía no me asuste, afrontarla tranquila, con la vista alzada y una sonrisa.... si esas emociones nacen de mi, no deben ser malas.
(Aguadulce/10/01/2011)

domingo, 9 de enero de 2011

IRLANDA - Tumbas Celtas


CÓMO MIRARSE EN EL ESPEJO Y NO CONFUNDIRSE CON LO QUE VEN LOS DEMÁS

Viendo la cantidad de almendros que me encuentro en cada esquina, concluyo que visitar esta ciudad en primavera debe ser una maravilla.

El día en el que más fró he sentido durante toda esta semana ha sido el de hoy. Algo he aprendido del clima irlandés; si llueve no hace frío, debe ser que la capa de nubes que no acaba de irse mientras te bañas con las diminutas, aunque persistentes gotas, te protege de las bajas temperaturas porque los dos únicos días en los que hemos visto el sol, el frío se burlaba de nosotros y de nuestra inocente creencia de estar a salvo bajo los gorros, bufandas y chaquetones. Incluso, y pese a que todos con quienes hemos hablado nos han asegurado que aquí no nieva nunca, hemos visto caer suaves y tenues copos durante unos minutos.

La más baja de las temperaturas de hoy nos ha sorprendido en los jardines de la Catedral de Saint Andrews, yo buscaba sin aliento el pozo de Saint Andrews pero no ha habido manera, con lo que sí me he topado en el interior de la catedral ha sido, entre otras, con la tumba del creador de Gulliver, Swift, y varias lápidas celtas.

Hay dos manías que me acompañan desde niña, oler el interior de cualquier libro, revista o libreta que llegue a mis manos, y tocar aquello que me resulta atractivo o sugerente, el pelo de una pelirroja que espera a que el semáforo se ponga en verde delante de mí, la fruta en el mercado, la arena caliente, las orejitas de un gato, las patas de un cangrejo en la pescadería, el algodón de azúcar de la feria, el aire desde la ventanilla del coche y las piedras. Rara es la catedral, torre, totem o runa que se ha librado del tacto de mis ansiosos dedos.

Por eso, esta tarde, me he detenido un buen rato frente a las lápidas celtas de Saint Andrews, en particular, frente a una de ellas. He acariciado con mi mano derecha esta piedra rugosa y desgastada por el frío, el viento y el agua, pero que aún conservaba la cruz celta en su parte superior. En ese momento, cierro los ojos y miro con el corazón. Entonces puedo sentir el repiqueteo de la lluvia sobre ella, el perfume de la hierba fresca a su alrededor y, quién sabe por qué, el sonido de un galopar que se aleja hacia el norte.

He recorrido el círculo que rodeaba la cruz en el sentido inverso a las agujas del reloj, de manera inconsciente, quizás en un intento de invertir el tiempo. Así, como si de un pincel se tratase, la punta de mis dedos, ha dibujado un instante en el que, una vez, hubo un alma que dejo atrás su armadura, el cuerpo en el que había habitado, para que descansara bajo esta piedra.

En silecio, sentada junto a la losa, he dejado que mi respiración recuperase su ritmo, mis pies el tiempo y mis ojos, la penumbra que nunca hubiese imaginado en una catedral gótica en buena parte.

Más tarde, durante unos minutos me he encontrado en los servicios del Temple Bar, rodeada de bellezas irlandesas, la única barra de labios color cereza era la mía. Si ya cuando estudiaba en Granada me maravillaba que hubiera chicas que para salir los sábados por la noche se vistiesen con faldas, imaginad como me quedo ahora, varios años después y a bastante menos grados... sigo embutada de ropa y ayer perdí uno de los pendientes. Qué importa.

Esta noche hemos cenado en un indio. Después de invitarles a seguir este blog durante toda la semana, mis compañeros de viaje. Alessandro "Pidoquio" y Federico "Guigo" Di Carlo se han molestado porque no los he nombrado aquí... No sabía qué responder... así que el único remedio es citarlos ahora (me pregunto si ellos en sus blogs que también los tienen, me han citado a mí. Es broma). Los chapoteos en el fango, las bajas temperaturas, los pésimos cafés, las estupendas cervezas, el frío indescriptible, la música en directo del Temple Bar, el hielo, los kilómetros de marcha... los hemos sufrido, gozado y vivido los tres.

Mañana vuelvo (volvemos) a España... esta etapa de mi Bitácora dará paso a otra.

(Dublín, 08/01/2011)

sábado, 8 de enero de 2011

IRLANDA - Del lago Owel a Dublín

CÓMO PASAR DE DORMIR CON LAS HADAS A USAR PENDIENTES


Las dos últimas noches he dormido en la maravillosa casa que la familia Rizzini tiene a orillas del lago Owel. Hasta esta mañana no he podido disfrutar lo maravilloso del paisaje ya que los dos días hemos regresado de noche cerrada y nos hemos levantado igual. Pero hoy si me he regalado una buena dosis de mirada y quietud durante un buen rato.


Buena parte del lago ya estaba helado. Me dicen que en Irlanda no nieva nunca gracias a que la corriente del Golfo de Méjico, de la que ya os he hablado, suaviza las temperaturas, pero desde que estoy aquí con lo que sí me he topado cada día ha sido con el hielo.


Ahora, desde los ventanales de la cocina, me caliento con un té y sigo los movimientos de los caballos que, bien abrigados, pastan en la orilla. A mi izquierda, algo singular. Aparentemente (ya os lo mostraré) un túmulo funerario cuyo origen no acierto a concretar, sin embargo, ese pequeño y, a todas luces, artificial montículo de tierra que se alza frente al Owel como si de un palco se tratara, es mucho más.


De todas las versiones que me han contado me quedo con la más fantástica y es la que os cuento. Ese montículo artificial está levantado allí, precisamente, por las hadas, sí, sí, habéis leído bien, las hadas. Ellas se fabrican estas elevaciones a la orilla del río para tenerlo cerca y, al tiempo, protegerse de él... Dado que, aunque ésa esa su casa, ellas se mueven con total libertad por cualquier parte de los bosques y campos, los irlandeses están convencidos de que nada de lo que los montes ofrecen, hablan de flores principalmente, puede ser cortado ya que es propiedad de ellas.


Nuestra anfitriona me cuenta que no consiguió que una chica que trabajaba con ella le recogiese unas flores para decorar la mesa, es más, uno de los árboles que se alzan en el montículo, presentaba una forma dantesca que a ella le recordaba a un hombre clamando al cielo. Bien, debieron localizar a un hombre que vivía en otro pueblo y que no conocía la leyenda (quizás un inmigrante) para que se lo talara. Consiguió a este valiente jardinero a través de un conocido local, pero éste nunca ha desvelado el nombre del osado campesino.


Si te descuidas, las hadas entran en casa, juegan a abrir y cerrar las puertas, hacen que te desaparezcan las cosas... ellas pueden, al fin y al cabo vivían allí mucho antes de que tú dejases de creer en ellas ¿no?... En cualquier caso, no he caminado sobre la hierba medio helada de los alrededores,no he querido que mis torpes pies tropezaran con alguna.


De las orillas del Owel a las del river liffey... solo una hora de coche... Dejamos las cosas en el hotel y nos vamos al centro. Me han hablado tanto del Temple Bar (Los templario y Yolanda, qué larga historia) que mi primera guinness la bebo allí.


(Dublín 7/01/2011)