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lunes, 10 de enero de 2011

PENSAMIENTOS - De vuelta

CÓMO REGRESAR EN EL TIEMPO SIN SENTIMIENTO DE PÉRDIDA


Para regresar de Dublín, una vez más he debido trasladarme en el tiempo y, de nuevo, tengo la sensación extraña de haber perdido no se dónde ni cuándo, sesenta minutos de mi vida. Trato de no darle muchas vueltas porque tengo que emplear mi cabeza en organizar una agenda que, enfadada por mi desapego la última semana, se me presenta despeinada y con cara de poco de amigos.
No tengo frío, pero no me libero de la sensación de cansancio. Estoy en manga corta y dejo que el aire entre por la ventana del estudio. Si no fuera por los recuerdos que en mi piel han dejado los salvajes caminos que he frecuentado, me costaría creer que ayer, a estas horas, meditaba sentada en la Catedral de Saint Andrews.
Es entonces cuando recuerdo los pensamientos que me mecían junto a una de las lápidas celtas que allí encontré y estos vuelven a entretenerme ahora. A menudo, y alguno de vosotros lo sabeis, doy vueltas a la relación que todos mantenemos con el lenguaje y cómo, si bien nos permite la comunicación no garantiza que ésta sea posible. A mi mente, en la oscuridad y el silencio que me ofrecía la catedral, vino el rostro de alguien importante para mí. Tras su rostro, alguna de sus palabras, sus gestos... aquel recuerdo despertó sentimientos en mí, sentimientos que no reciben el mismo calificativo si los describo yo que si los describe la persona que me los causa.
El lenguaje nos permite, en primer lugar, comunicarnos. Como los niños pequeños que aprenden a hablar, lo primero que hacemos con lo que hay a nuestro alrededor, es nominar. Darle noombre, a la casa, a las sillas, a los libros, a las fotos, a todo... ése es el primer paso y es un paso importante, nos permite un consenso y así a contar con un código mediante el que comunicarnos.
Pero despés llega el segundo paso, calificar. Ahí empieza el peligro. Podemos calificar un silla, ésta puede ser alta, baja, plegable, blanca, negra, grande, pequeña, etc. Pero es que también calificamos a las personas, los sentimientos y las relaciones que mantenemos con ellas. Y cuando el sentimiento que nos provoca una persona no encaja con la calificación que "deberíamos" darle, cuando no sabemos cómo calificar la relación que mantenemos con ella ¿qué hacemos?... tenemos dos opciones, tal y como yo lo veo. Bien damos de lado ese sentimiento, esa relación, bien seguimos con ella en la mochila pero tamizada, vestida con una calificación que nos permita guardarla, que nos permite contar con ella sin que resulte incomprensible al resto, a los que emplean mi mismo código, es más, sin que nos resulte incomprensible a nosotros mismos.
Lo más sensato es lo primero, lo más cómodo lo segundo (y sigo calificando) pero ¿siempre lo sensato y lo cómodo coinciden con lo que debiera ser?. Intento seguir los consejos de Dalai Lama y mirar a mi alrededor con los ojos del corazón, de hecho, lo consigo en la mayoría de los casos, pero es un trabajo duro y difícil, ser capaz de dar nombre a todo lo que siento sin que la calificación que más se acerque a mi deseo me asuste.
¿por qué os cuento esto? porque hoy intento que la calificación ajena no me confunda y que la mía no me asuste, afrontarla tranquila, con la vista alzada y una sonrisa.... si esas emociones nacen de mi, no deben ser malas.
(Aguadulce/10/01/2011)

martes, 4 de enero de 2011

IRLANDA - Bajo la lluvia irlandesa... y de premio, una pluma


CÓMO TOMAR EL TÉ BAJO EL AGUA

Las becadas tienen unas alas proporcionalmente mucho más grandes que su cuerpo, lo que les permite ser muy veloces. Pero, además, en el extremo de cada una de ellas tienen una diminuta y perfecta pluma, cuya forma y suavidad ha sido utilizada por algunos de los mejores pintores de la historia, de ahí su nombre, "La pluma del pintor", hoy me han regalado una de esas plumas, trae suerte, o sea que ya no tengo que volverme loca para encontrar un trébol. Yo, agradezco mi fortuna a ese tierno animal y le rindo homenaje llevándola conmigo.
Segunda jornada de Becadas. Estado físico: me duele el pecho cuando respiro, la rodilla derecha me avisa y debo cubrir con cacao no solo mis labios, también los alrededores de mi nariz y mis lacrimales, los primeros dañados por tanto pañuelo y los segundos cortados por el frío. Estado anímico: bueno. Estado emocional, mejor.
La mañana ha resultado perfecta, nubes y viento pero buenas capturas. Sin embargo hemos debido parar durante más de una hora por la lluvia. ¿Habeis visto alguna vez la lluvia irlandesa?, preciosa. Bueno, solo me lo parecía a mí. Pasando por alto el hecho de que bajo el agua no se graba ni se fotografía, por lo demás me ha encantado escucharla y verla. Refugiados bajo la puerta del maletero de la furgoneta hemos improvisado el almuerzo esperando a que amainara un poco. ¿Habeis tomado alguna vez té bajo la lluvia irlandesa?, yo sí, un gran vaso de té caliente y una porción de dulce ilandés hecho con pasas y guinness, una deliciosa comida en mitad de un paisaje con el que sueño a menudo.
Pero la lluvia no nos ha abandonado en ningún momento. Por la tarde iba y veía coqueteando con la paciencia de los operadores de cámara (la mía estaba ya ganada con tanta delicadeza de colores) y la entrega absoluta de los cazadores, a quienes ni viento, ni lluvia, ni frío les quitaban ni las ganas ni la mirada. La caza de Becadas la estamos realizando en distintos bosques, imaginad que buscamos cuatro puntos exteriores que circundan el bosque y de dos en dos nos colocamos en cada uno de ellos, la pareja de guías comienza a batir desde el suyo por el interior hacia el extremo opuesto y el resto, alrededor, esperamos con las escopetas y cámaras a punto de disparar al más mínimo aleteo.
Ha habido un momento en el que me he alejado del grupo y, bajo la pertinaz lluvia, he paseado. Sí, por unos momentos me he imaginado a mi misma como a Rose en "Sentido y Sensibilidad" salvo que ella, medio desnuda, cae enferma después, y yo espero que no, entre otras cosas porque a mi indumentaria hoy he añadido una par de calcetines más y una chaqueta impermeable que solo me deja al descubierto, los ojos, el resultado, algo así como una mezcla de penitente y caballero Jedi. Además de que continúo aferrada por las noches a mi bote de Couldina.
Durante el paseo, era consciente de que estaba regalándome un recuerdo maravilloso, un recuerdo que, cuando lo rememore dentro de 25 años, me permitirá volver a escuchar mis encharcados pasos, la lluvia sobre mi ropa, el aire que me cortaba la cara, el olor y esa enorme sensación de libertad que no se me despega desde entonces.
¿Habéis permitido alguna vez que la lluvia irlandesa se adueñase de vuestro cuerpo hasta reducirlo a vuestra propia sobra? La curva de un estrecho sendero entre los abetos, el manto de lluvia. A mi derecha, desde la penumbra del bosque me llegan las voces de los guías reclamando a las Becadas, el cazador, escopeta en mano, espera. El tiempo se ha detenido para mí. Al descubierto los ojos, la lluvia, paciente, se desliza hacia la tierra. Para alguien criado en el desierto, un espectáculo. Mis raíces celtas han brotado de mis pies, me han agarrado al suelo y me ha impedido moverme. No se cómo he vuelto al coche, desde mi asiento, aún veo mi sombra allí, enraizada en la tierra, mis brazos se extienden a lo alto, flexibles y verdes y entonces, por segunda vez, doy gracias. Hoy, agradezco mi vida y mi capacidad para disfrutarla.
Es reconfortante, al menos para mí, inventar historias, imaginar experiencias, pero es mucho más hermoso vivirlas. Mi vida, si bien no me deja gozar de la tranquilidad económica que, a estas alturas, necesito, sí me permite disfrutar de estas experiencias y, por supuesto, de compartirlas ahora contigo.
Buenas noches.