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jueves, 6 de enero de 2011

IRLANDA - En el hielo

CÓMO MIMETIZARSE EN UNA TIERRA HELADA

Tomad un mapa de Irlanda. ¿Veis el norte, el oeste? es esa zona de la isla que queda arriba a la izquierda, ésa. Bien, de esa costa, buscad el extremo que más sobresalga... de frente a USA, allí estoy.

Estado físico: Al respirar me sigue molestando el pecho
Estado anímico: óptimo
Estado emocional: ¿?

Hace frío, salimos de noche y hemos llegado aquí al amanecer. Todo está helado, es decir, hoy sufriremos, porque de lo que se trata no es de caminar. Esta jornada la dedicamos a la caza de Colombaci (Palomos). Una vez levantadas las tiendas de camuflaje y colocados los simuladores, permaneceremos sin pestañear hasta que aparezcan.

Pasarán por aquí dos veces, ahora y al atardecer, en las dos ocasiones, en busca de alimento. Pero nosotros no nos movereos de nuestras posiciones.

Una sentada de 5 horas como mínimo se me presenta como un buen momento para meditar e intentar no darle muchas vueltas al hecho de que hoy es seis de enero y de que los Reyes Magos habrán pasado por mi casa y solo se habrán topado con mi perro. Cuento con sus poderes adivinatorios para que sepan que ando perdida entre el hielo y dejen caer alguna cosa en el porche.

Antes de apostarnos (colocarnos en el puesto de caza) Carlo Rizzini, nuestro protagonista en los documentales que preparamos, ha matado un pájaro de mal agüero, otra señal de buena suerte que me acompaña, el trébol sigue sin aparecer.

Después, empieza la espera. El único modo de mimetizarse con la tierra helada es acabar convertida en un témpano de hielo. No por evitar el esfuerzo de andar, la jornada se presenta fácil, se trata de una prueba física importante. Parapetarnos tras las mallas de camuflaje, sentarnos en el suelo helado y permanecer allí durante horas, quietos. a la espera de que lleguen los palomos, puede llegar a superarte si no ejerces tu autocontrol.

He estado tan concentrada en no sentir el dolor que el aire frío infringía a mis pulmones y fosas nasales al respirar, tan consciente de las debilidades de mi cuerpo y de cómo éste se adaptaba a la situación que, salvo para constatar en innato instinto de supervivencia de mi especie, no he podido llevar a cabo ningún tipo de reflexión.

Incluso ahora, cinco horas después de sentarme aquí, en la nada, en el silencio absoluto, solo empiezo a formular pensamienos con proposiciones simples, yuxtapuestas o, a lo sumo, copulativas. Llegar al empleo de subordinadas y al uso de metáforas y demás figuras literarias, supondría un esfuerzo que requeriría, como mínimo, una buena dosis de té bien caliente.

Estado físico: Todo el frío la humedad de Irlanda en mi espalda.
Estado anímico: OK
Estado emocional: lo mismo

7 horas después de levantar las tiendas, 51 palomos abatidos y vamos de vuelta. En el coche, me sorprende una maravillosa puesta de sol. Se lo hago notar por dos veces al resto del equipo, sin éxito, no hay una tercera vez y me hago con el atardecer solo para mí, un excelente regalo de Reyes. Una hora después asistimos a una eclipse y luego,el cielo se cubre de estrellas. Me he acurrucado en mi asiento y, apoyada en el cristal de la ventanilla del jeep, he jugado a imaginar que esta noche, el cielo era todo mío.

(Irlanda, 06/01/2011)

IRLANDA - Al final del Arco Iris



CÓMO MEDITAR SORTEANDO ALAMBRADAS
Esta mañana nos trasladamos de noche aún a la zona en la que cambiaremos de caza, Becadillas. La tos con la que me he despertado apunta a que mi dolor de pecho es bronquitis pero, afortunadamente, sigo sin fiebre.
El amanecer me sorprende mirando a mi alrededor y escuchando a los que me acompañan, entonces caigo en la cuenta de que mientras la distintas circunstancias de la vida te permiten coincidir con los demás en cuanto a gustos, caracteres, intereses o atracciones, el hecho de que dos almas se encuentren resulta extraordinario.
El terreno de esta jornada se reduce a extensiones de fango y juncos, bien secos, bien frescos, que nos llegan por la cintura. Los campos están delimitados por alambras o protectores eléctricos bastante complicados. Entre unos y otros, zanjas anegadas por las que has de deslizarte como si de un tobogán se tratara para bajarlas y luego engancharte como puedes a las matas del otro borde para subirlas. Mi única preocupación es proteger la cámara entre mi pecho y el impermeable. La óptica me esta dando problemas y no quiero acabar de fastidiarla. Pero, después de ingeniármelas de un modo surrealista para sobrepasar cada una de ellas acabo lanzándome de bruces al suelo, girar sobre mi misma y pasar por debajo, digo yo que si el guía lo resuelve así, por qué empeñarme en moverme aquí como si estuviera de excursión. Sigo mi instinto, imito y, eureka, funciona. Acabo embarrada hasta les cejas, me gano la sonrisa del irlandés y la cámara, milagrosamentes sigue a salvo.
Entre tanto, mi cabeza sigue dando vueltas a la cuestión de los encuentros y desencuentros. Resulta casi inversosimil el que dos almas se miren y se reconozcan, quizás por eso o adémás de eso, la mayoría de nosotros no estamos preparados para enfrentarnos a un momento así. Es como tocar el universo con la punta de los dedos y comprender que ese universo eres tú mismo.
Sin embargo, cuando la mente siente el peligro al que la somete el alma liberada tiende a esconderla y huye de un momento, quizás, irrepetible.
Por mi parte, empeño gran parte de mi tiempo en convivir con las dos, mi mente y mi alma, pero cómo cuesta. Por cierto, a esta última hoy la tengo a cobijo, aquí hace mal tiempo y no quiero que se enfríe.
(Irlanda, 05/01/2011)